Un nuevo centro de datos respaldado por Google en Texas funcionará en parte con una importante planta de gas natural, que emitirá aproximadamente 4,5 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, lo que equivale a añadir a las carreteras más de 970.000 automóviles propulsados por gasolina. Esta decisión pone de relieve una tendencia creciente: a pesar de los compromisos públicos con la energía renovable, los gigantes tecnológicos dependen cada vez más de los combustibles fósiles para satisfacer las crecientes demandas de energía de la infraestructura de IA.
El auge del poder detrás del medidor
El campus del centro de datos Goodnight en el condado de Armstrong es sólo un ejemplo de un cambio más amplio. Los desarrolladores de centros de datos, que enfrentan retrasos en las conexiones a la red y costos crecientes de la electricidad, están recurriendo a la generación de energía “detrás del medidor”, construyendo sus propias fuentes de energía, siendo el gas natural la opción dominante. Esta tendencia está impulsando un auge en la producción de gas natural en Estados Unidos, con casi 100 gigavatios de energía a gas actualmente en desarrollo específicamente para centros de datos.
Escala del problema
El campus de Goodnight no está solo. El Proyecto Júpiter de OpenAI y Oracle en Nuevo México podría emitir 14 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, mientras que los proyectos Stargate de Crusoe en Texas podrían liberar casi 8 millones de toneladas al año. La escala es inmensa. La carrera de la IA está creando una demanda de energía sin precedentes que la infraestructura de la red no puede seguir el ritmo. Empresas como Crusoe reconocen abiertamente esta realidad y ven el gas como un “puente crítico” mientras invierten en energías renovables a largo plazo.
Retroceso corporativo y contexto político
Esta dependencia del gas contradice las narrativas de sostenibilidad impulsadas por algunas empresas de tecnología. Google, que afirma haber logrado una reducción del 12% en las emisiones de sus centros de datos a pesar de un aumento general del 50% en los últimos cinco años, está invirtiendo simultáneamente grandes cantidades en infraestructura alimentada por gas. El clima político actual, con una administración que impulsa tanto la expansión de los centros de datos como el aumento de las exportaciones de gas natural, incentiva aún más esta tendencia.
Escrutinio creciente
Algunos legisladores ahora están cuestionando estas prácticas. Los senadores demócratas han enviado cartas a empresas de inteligencia artificial, incluidas xAI y OpenAI, exigiendo explicaciones por su dependencia del gas natural en lugar de las energías renovables. Estas consultas indican una creciente conciencia de las consecuencias ambientales de la expansión desenfrenada de los centros de datos.
El resultado final: La demanda de infraestructura de IA está superando la transición a fuentes de energía sostenibles, lo que obliga a los gigantes tecnológicos a priorizar las soluciones a corto plazo sobre los objetivos climáticos a largo plazo. Esta situación subraya la necesidad urgente de modernizar la red y de regulaciones más estrictas sobre las emisiones de los centros de datos.



















