Dejas dinero a un lado. No lo gastas hoy. Ese es el acto de salvar. No se trata sólo de tener una libreta polvorienta de 1977 guardada en un cajón. Se trata de trasladar recursos del presente al futuro.
Para la mayoría de las personas, esto parece un saldo más alto en una cuenta bancaria. Para otros, se trata de comprar acciones o simplemente retener más efectivo. ¿Por qué lo hacemos? Queremos consumir más tarde en lugar de ahora. Esperamos que nuestros ingresos futuros sean estables. Y sí, las tasas de interés influyen en cuánto estamos dispuestos a esperar.
Pero, ¿cómo haces un seguimiento de lo que has guardado? Hay dos formas principales de descubrirlo usted mismo.
Calculando su tasa de ahorro personal
El primer método es sencillo. Tome sus ingresos totales del período. Resta lo que gastaste en necesidades y deseos actuales. El resto es tu ahorro. Aritmética sencilla.
El segundo método es más riguroso. Consulta su balance al comienzo del mes o año. Lo vuelves a mirar al final. Si su patrimonio neto (activos menos deudas) ha aumentado, ese aumento representa su ahorro. Este método detecta cosas que el primero podría pasar por alto, como cambios en el valor de su casa o inversiones.
“La medida en que los individuos ahorran se ve afectada por sus preferencias por el consumo futuro sobre el presente.”
Por qué es importante el ahorro nacional
En una escala mayor, el ahorro nacional es el exceso del ingreso nacional sobre el consumo y los impuestos. En términos económicos, este total es siempre igual a la inversión nacional. Piénselo de esta manera: si el país produce más de lo que consume y gasta, ese excedente debe destinarse a la creación de nueva capacidad.
También se puede medir observando el cambio total en el patrimonio neto de la nación a lo largo del tiempo. Ambos métodos cuentan la misma historia sobre la acumulación de riqueza.
Este vínculo entre ahorro e inversión es la razón por la que el progreso económico depende de él. Si todos gastaran cada dólar que ganan hoy, no quedaría capital para construir fábricas, financiar nuevas empresas o mejorar la infraestructura. La riqueza productiva sólo crece cuando algunas personas se abstienen de consumir todos sus ingresos.
Pero ahorrar por sí solo no es suficiente. Necesita gente dispuesta a invertir ese dinero ahorrado. Se necesitan empresarios que tomen esos fondos inactivos y los conviertan en capacidad productiva. Sin el ahorrador y el inversor, el motor del crecimiento se para.
Entonces, aunque su vieja libreta bancaria pueda quedar olvidada, el mecanismo detrás de ella impulsa la economía. La pregunta sigue siendo no sólo cuánto se ahorra, sino adónde va ese dinero. ¿Se queda quieto? ¿O avanza hacia algo que agrega valor? La respuesta determina si su esfuerzo simplemente se queda ahí o construye algo real.


















